Ansiedad y estrés: cuando vivir en tensión se vuelve normal (y no debería)
- amkiloranpsicologo
- 29 ene
- 3 min de lectura
Muchas personas dicen “estoy estresado” casi a diario, sin detenerse a pensar en cómo ese estado constante de tensión impacta su bienestar emocional.
Sin embargo, cuando el cuerpo y la mente no logran relajarse, incluso en momentos de descanso, es importante preguntarnos si seguimos hablando solo de estrés o si la ansiedad ya está presente.
Aunque suelen confundirse, estrés y ansiedad no son lo mismo, y entender sus diferencias puede ayudarnos a reconocer cuándo es momento de pedir apoyo.

El estrés: una respuesta natural del cuerpo
Es una respuesta normal y adaptativa del organismo ante situaciones que percibimos como exigentes o desafiantes. Ante una demanda externa —trabajo, estudios, problemas familiares o decisiones importantes— el cuerpo se activa para responder (Lazarus & Folkman, 1984).
Este estado de activación puede ayudarnos a:
concentrarnos,
reaccionar con rapidez,
y enfrentar retos cotidianos.

El problema no es el estrés en sí, sino su duración. Cuando el estrés se mantiene por semanas o meses sin pausas reales, el cuerpo no logra regresar a un estado de calma.
Según la American Psychological Association (2023), el estrés crónico puede afectar:
Sueño,
Estado de ánimo
Concentración
Salud física (dolores musculares, problemas digestivos, fatiga).
La ansiedad: cuando la alerta no se apaga
La ansiedad aparece cuando el sistema de alerta del cuerpo permanece activo sin una amenaza inmediata. Se manifiesta como una preocupación constante, anticipación negativa o sensación de inquietud difícil de controlar (American Psychiatric Association, 2022).
A diferencia del estrés:

No siempre hay una causa clara,
La mente se adelanta a escenarios futuros,
El cuerpo reacciona como si algo malo estuviera por pasar.
Muchas personas con ansiedad dicen sentirse en constante tensión, incluso cuando “todo está bien”. No se trata solo de nervios, sino de un estado interno persistente.
¿Cómo se siente la ansiedad en el día a día?

La ansiedad no siempre se presenta como ataques intensos. En muchas ocasiones aparece de forma silenciosa, por ejemplo:
Pensamientos repetitivos que no se detienen,
Dificultad para relajarse,
Sensación de inquietud constante,
Problemas para dormir o descansar,
Irritabilidad o cansancio emocional.
Estas señales suelen normalizarse, pero indican que el cuerpo está viviendo en modo de alerta prolongada.
La normalización del malestar

Uno de los mayores obstáculos para cuidar la salud mental es la idea de que vivir cansados emocionalmente es “normal”. Frases como:
“así es la vida adulta”,
“todos están igual”,
“no es para tanto”,
pueden llevar a minimizar lo que sentimos.
Sin embargo, acostumbrarse al malestar no significa que sea saludable. Escuchar las señales emocionales es una forma de autocuidado, no de debilidad.
¿Cómo puede ayudar la terapia?
La terapia psicológica no solo está pensada para momentos de crisis. También es un espacio para:
Comprender qué mantiene el estrés y la ansiedad,
Aprender a regular emociones,
Identificar pensamientos que generan tensión,
Recuperar la sensación de equilibrio interno.
Hablar de lo que sentimos permite poner en palabras aquello que el cuerpo ya está expresando.
Referencias
American Psychiatric Association. (2022). DSM-5-TR: Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.). American Psychiatric Publishing.
American Psychological Association. (2023). Stress effects on the body. American Psychological Association.
Lazarus, R. S., & Folkman, S. (1984). Stress, appraisal, and coping. Springer Publishing Company.
McEwen, B. S. (2007). Physiology and neurobiology of stress and adaptation: Central role of the brain. Physiological Reviews, 87(3), 873–904. https://doi.org/10.1152/physrev.00041.2006


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